Por qué
Por qué me ama la tristeza, por qué la tortura se bebió al sufrimiento… Cuando divago entre losas mudas y el día ya ha fenecido, paseo mi mentira para sentir que aún estás cerca, y cambio la vigilia por la quimera, sólo para volver a oler tu sonrisa húmeda, pero nunca te quedas conmigo, y entonces, me pregunto por qué me amará la desgracia… Y yo sigo viviendo, aunque estoy muerto, pues tú te fuiste.
Entre sombras preñadas por el vaho solitario sin ojos, el frío rumorea al dolor más profundo, ése que te destierra de todo lo humano, y es, el saber que la otra mitad que amabas es ahora sepultura, que el grito de mi sangre y las lágrimas de mi orina defecan un por qué no contestado, y los dioses sádicos, en su maldad, en su usura, me dejan tumbado en la acera del desprecio, donde no podré morir, donde no podré lamer tu cara…
Y cuando quiera retener tu mirada todo mi ser será llanto, y el llanto será una gota que se encierre adentro… y estaré obligado a la tortura de vivir sin el sudor de tu piel besando al ecuador de mi alma, y me diré por qué, por qué no puedo morir e ir junto a ti.
Soledad
La soledad me persigue alocada mientras tú engulles al humo de la lujuria. Las noches chupan mi orgullo y tú asesinas mi vida en el lado del mutismo.
Coloreo en cada paso el sueño de cruzar mis pies con los tuyos pero sólo dos manchas negras violan la calzada de piedra. Te tuve, desnuda y abierta, con tus ojos bramando mi nombre y tu aliento versando a mi cuerpo, pero ahora soy una colilla muerta, un desecho acunado en la acera sin grito de luz… soy suelo de mutilados.
Soy una pupila con la voz degollada, un deseo quemado en la carretera de las muertes enmudecidas. Soy la esperanza escupida al foso.
Y a nadie importa si vivo. Arrastro un cuerpo amarillo para una sociedad huesuda en resguardo, y tú, mujer, me dejaste en la cabina sin nombre donde el miedo descolgó al teléfono que susurraba a mis entrañas…
Me arrojaste al barro con mis lamentos y tu voz murió para mi alma, porque me asesinaste con tu amor negro, y ahora, me espera un recorrido gélido de rabias taponadas y luminarias invadidas por el agua de la vergüenza, vereda directa hacia el suicidio, para saliendo de este vil mundo, pueda matar al salvajismo que insalivó tu hechizo, y en mi muerte, mi dolor pueda matar al recuerdo de tu rostro maldito.
Ojos
Tu aliento induce salivas que ciegan a mi alma. Si la tristeza me llama yo daré tu nombre; si la amargura persigue a mi voz yo callaré al asesino con tus ojos.
Entre paredes líquidas que hablan de mi amor puro tú me besas con tu humo, y al entrecruzar nuestros dedos moribundos, dejo de ser oscuro y retorno a la vida, sabiendo, que eres mi único motivo, mi segunda pierna, mi ventrículo… Porque si voceas una lágrima yo la socorro hasta morir, porque tu boca es mi única luminaria, porque si sangras un suspiro yo lo secuestro con mi raja de besugo, porque si jadeas dolor yo abrazo tu carne hasta solear todo el optimismo.
Tú eres mi creencia, y si ilumino un futuro es por la faz de tu presente y un amor nunca vacío. Si sonrío en la pobreza de la noche es por tu llama de iris cristalino; si la enfermedad golpea mi sino seguiré peleando si braceas mi exilio.
La lágrima que anido dentro y no saco por orgullo fenece si te miro. El dolor que evado es todo tuyo, y es enfrentando, sin temor, por el color de tu chillido. Porque si deambulo marginado no dudo, que si tu vocablo aprieta a mi oído, yo me levanto sobre mi herida, y aunque la cobardía inunda a mis sentidos, por tus pómulos adoloridos, atranco a mi mano en un puño, y guerreo, contra la prosa de los huracanes y los versos de las balas del sinsentido, por el sabor de tu aliento empíreo.