viernes, 13 de enero de 2017

4 Poemas desde el algar de lo inconsciente




Dolor viviente

Caminarás con la ausencia de teleología, anquilosado en las callejuelas oscuras que se vendieron como rosadas, en aquel suelo olvidado por el visor decente, el empapado por la lluvia divinal que castiga al deicida que sólo percibe su propio aliento.
En la travesía sin nombre, hay un sinnúmero de accidentes que dictaminan tu adiós humanoide.
Pasearás por los mismos rincones donde un día lloraste con la deglución de la saliva atrancando a la garganta oscura, ésa que escondía en el pasadizo sin luz, el dolor inefable que turbó tu existir, en cada pisada de ansiedad inasible.
Morirás pensando que hay retorno, mirarás al suelo para negar tu vida, pues, en la vía anudada por las risotadas ignaras, hay una idoneidad de caracteres podridos. Allí, donde la muerte del camino espera, los émulos de la libertad oprimirán su corazón para segar la emanación espiritual del otro.
Ingrávido es mi tranco y peregrina mi concepción, el amor no existe, y aquel que fecunda su suicidio metafísico, anega cada carril de efugio desde las hojas negras de lo oculto.
Pero, tramperos bañados por el ente réprobo, expelerán el semen canicular, en la candidez portadora de feminidad arrinconada, para seguir el mismo calvario. Y ese dolor provocado, erosionará, de por vida, el ínfimo deseo grácil de querer ser humano, en este imbornal de sombras populosas que edificaron la caníbal sociedad.

Escuchar

En los escombros del ayer, hay un invernáculo hastiado de lágrimas paciendo un sufrimiento oneroso, que merece ser escuchado.
En el algar de luz sombreada, pulula una muchedumbre sin nombre y cuerpo latoso, que contrapesa la fobia proyectada hacia un perdón no atendido.
La escuálida sepultura vaguea desecando mujeres tiernas, casi seráficas, esas beldades del infinito que olvidaron si tenían un futuro por hacer, pues sólo querían rajar la marginación que otros causaron, dejando cuerpos escupidos por Dios, junto a la zahúrda meneada por roedores de carne humana y alma satánica. Allí, esas seráficas, abrazarán la pulpa telúrica, desplumada de razón y postulado celestial.

El Incomprendido

En la logomaquia de la vida, que te cerca entre cavernas, muerdes cada cuadriforme de vida encerrado en el ajedrezado de la muerte.
No hueles al silencio de la roña, decreces ante la candela de las estrellas, no entiendes a la voz de la sangre, y abrigas tu odio zurrando cráneos que nunca oyeron tu piedad, mientras rondas a las sombras de las cicutas, en la tierra pringada de huesos, donde las voces degolladas ya no tiemblan por el rosado de las adelfas, y tu yo homicida esputa vacío a través de una lágrima satánica amarilla.

Oscuridad

Encender una muerte que se arrastra por los lodos de la atmósfera, en la humarada de perversiones, donde la miseria espiritual crepita a la leña del fuego inmune, fruto de esa violencia no asesinada, en las entrañas del pensamiento maquinal.
La maldad acucia, extemporánea, tiene la complicidad de tu sombra, es insonora y quebranta tus pasos de temporalidad vital. No se apresura y es dueña de la paciencia, rezaga las salidas y derrenga las conciencias, enmudece las luces, y se alía con los cielos terrosos de la inclemencia. Su sevicia adolece a las almas bondadosas de la munificencia, se desternilla de los dramas de la indigencia, y aniquila, a las fuerzas de superación del espíritu universal de la regencia.

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